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Un antiguo pensador español

Nos define la Real Academia de la Lengua Española el término gurú como persona a quien se considera maestro o guía espiritual, o a quien se le reconoce autoridad intelectual, y también, haciendo referencia al hinduismo, como maestro espiritual o jefe religioso. En términos similares nos aparece definido el término en Wikipedia, donde es denominado además como cualquier persona con conocimientos en un área en particular.

En el ámbito empresarial la lista de gurús o pensadores con alto grado de influencia es larga. Sirva como ejemplo autores que Thinkers50.com publica como los más relevantes para su último estudio (2011), en los que para calibrar su importancia valoran diversos aspectos del autor: originalidad y aplicación práctica de sus ideas, estilo de sus presentaciones y de sus escritos, rigor, sentido del negocio, impacto de sus ideas, poder para inspirar a los demás. Nombres en su mayoría muy populares: Clayton Christensen, Govindarajan, Michael Porter, Robert Kaplan, David Norton, Teresa Amabile, David Ulrich, Herminia Ibarra, Tom Peters, Daniel Pink, Henry Mintzberg, Gary Hamel, son algunos de los pensadores estrella que parecen en esta relación de “tops”. Buscando nombre influyentes en el campo del management en nuestro país, pongo sobre la mesa los de Fernández Aguado, Chinchilla, Álvarez de Mon, Salvador García y José Manuel Casado.

Prusak y Davenport, en un artículo publicado en Diciembre de 2003 (“Who are the Gurus’ Gurus?, HBR), presentaron las conclusiones acerca de una investigación en la que buscaron quienes eran los principales pensadores que influían en los gurús y, de acuerdo con las respuestas de los mismos, establecieron un ranking de los más relevantes en la historia de la Dirección de Empresas y la Economía. La lista aparece encabezada por el imprescindible Peter Drucker, junto con otros nombres míticos de la disciplina, como James March, Herbert Simon, Joseph Schumpeter, Ackoff, Deming, Prahalad, Argyris, Chandler, Merton, Jack Welch, Anthony Giddens, Kauffman, McGregor, Samuelson y Frederick Taylor.

Quisiera en este artículo irme un mucho más atrás en el tiempo, saliéndome además del entorno anglosajón en el que aparecen la mayoría de los gurús, para destacar las enseñanzas de un escritor y político español del siglo XVI, Alfonso de Valdés. Nacido en 1490 en Cuenca, fue junto con su hermano gemelo Juan el más ilustre representante del erasmismo español. Descendía de una familia de judíos conversos, siendo perseguidos por la Inquisición algunos de sus antepasados. Sus altas capacidades intelectuales y políticas hicieron que acompañara al emperador Carlos a la dieta de Worms, siendo nombrado en 1522 secretario de la Cancillería Imperial. Adepto incondicional y entusiasta de su contemporáneo Erasmo, intentó conciliar el humanismo del pensador holandés y el proyecto de monarquía universal cristiana que vislumbraba en la política de Carlos I. Propugnó un modelo de Iglesia espiritual y más cercana a los fieles y satirizó la corrupción de la jerarquía eclesiástica romana y la falta de virtud del clero en general. Por sus dotes diplomáticas y su habilidad dialéctica fue comisionado para conferenciar con los protestantes: asistió a las dietas de Augsburgo y Ratisbona, y se reunió con ellos en un clima pacífico y conciliador, a pesar de que no pueda decirse que compartiera sus puntos de vista o mostrara comprensión por los motivos de Lutero; sus puntos de vista eran únicamente los de un hombre de Estado. Indicar además que, según investigación realizada por Rosa Navarro, es el autor de El Lazarillo de Tormes.

Entre los escritos de Alfonso de Valdés destaca la obra Diálogo de Mercurio y Carón, obra que se estructura como una conversación entre Carón, el barquero del infierno, y Mercurio, mensajero de los dioses, a orillas del río de la muerte. En el libro, además de servir para destacar las virtudes que en su opinión adornaban al emperador Carlos V frente a otros monarcas coetáneos, realiza una crítica a la sociedad de su época y su hipocresía, a través del desfile de personajes, en concreto de sus almas, representativos de la misma.

Haciendo por mi parte una ligera ampliación de a quién van dirigidas las palabras de Valdés acerca del buen gobierno, de las mismas podemos estructurar un tratado de Dirección por Valores de la empresa, convirtiendo por tanto al autor, en un auténtico gurú empresarial. Nos dice en su libro:

– «Cual es el príncipe (pongamos lo/s directivo/s), tal es el pueblo (pongamos la empresa). Procura, pues, tú de ser tal cual querrías fuese tu pueblo»

– «La mayor falta que tienen los príncipes (los directivos) es de quien les diga verdad. Da, pues, tú, libertad a todos que te amonesten y reprendan, y a los que esto libremente hicieren, tenlos por verdaderos amigos.»

– «Procura ser antes amado que temido, porque con miedo nunca se sostuvo mucho tiempo el señorío (pongamos la empresa). Mientras fueres solamente temido, tantos enemigos como súbditos tendrás; si amado, ninguna necesidad tienes de guarda, pues en cada vasallo te será un alabardero.»

– «Sé tan amigo de la verdad, que se dé más fe a tu simple palabra que a juramento de otros»

– «Ten más cuidado de mandarte a ti mismo, refrenando tus apetitos, que no a tus súbditos, porque si tú no te obedeces, ¿cómo quieres ser de otro obedecido?»

– «Haz cuenta que estás en una torre y que todos te están mirando, y que ningún vicio puedes tener secreto. Si no puedes defender tu Reino (tu empresa) sin gran daño de tus súbditos (los empleados), ten por mejor dejarlo.»

– «Procura de dejar tu Reino (tu empresa) mejor que ahora lo hallas, y ésta será tu verdadera gloria.»

– «Cata que hay pacto entre el príncipe (los directivos) y el pueblo (los empleados), que si tú príncipe no haces lo que debes con tus súbditos, tampoco son ellos obligados a hacer lo que deben contigo. ¿Con qué cara les pagarás tus rentas si tú no les pagas a ellos las suyas?…tú eres pastor de hombres y no señor de ovejas.»

– «No admitas en tu reino (tu empresa) hombres ociosos, y evitarás una fuente de males.»

– “Ama los que libremente te reprendieren, y aborrece a los que te anduvieren lisonjeando…no hay bestia tan ponzoñosa ni animal tan pernicioso…como el lisonjero.”

– «Sé diligente y resoluto en lo que has de hacer»

Que esta pequeña reseña que hacemos por segunda vez desde Apunte a sus palabras, escritas hace casi quinientos años, sirva como reconocimiento a la obra de un grande como fue Alfonso de Valdés, y que sus certeras palabras nos sirvan como guía, llevándolas a la práctica, de dirección empresarial para nuestras organizaciones en la búsqueda de esa excelencia que las hagan más competitivas.

 

Artículo publicado en Economía 3, edición Febrero 2013.

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Francisco Soler TarazonaUn antiguo pensador español
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